dialoga en Lima y en Loreto

GUAYASAMÍN O LAS MANOS DE TRES MIL AÑOS DE HISTORIA

ENTREVISTA DE JULIO YOVERA.

Publicado: 2016-11-20


Nota de Julio Yovera*

Oswaldo Guayasamín (O.G.) es probablemente el pintor más trascendente de nuestro continente. Su obra vasta, de extraordinaria calidad y su compromiso permanente por los destinos de nuestros pueblos y de la humanidad toda lo definen como un hombre extraordinario del siglo XX.

“En Contacto”(E.C.) conversó con el maestro. Estamos seguros que sus palabras habrán de nutrir nuestros ideales y esperanzas.

E.C.- Debo decirle que admiramos su obra. Hay en Usted una actitud de vida que valoramos enormemente. Nos hemos informado que el origen de su apellido es la fusión de dos vocablos, uno quechua, el otro de la cultura aborigen de su país...

O.G.- El quechua lo hizo José María Arguedas, quien dijo que Guayasamín significa “Ave blanca volando”, y la del reino de Quito quiere decir “Casa de la Sabiduría”, que no la uso porque es una pedantería tremenda.

E.C.- Tomás Borge es su libro “El Arte como Herejía”, una las dos definiciones de un modo muy original y dice: “Guayasamín, ave blanca que vuela a las casa de la sabiduría”.

O.G.- Ah, caramba, no lo he leído, qué bueno...

E.C.- Todo artista, todos los seres humanos, optan por hacer algo en este mundo, ¿qué hechos motivaron a Oswaldo Guayasamín a optar por la pintura?

O.G.- No sé hacer nada más, no sé hacer nada de nada. Lo único que sé hacer es expresarme a través de mis manos, pintando. Pinto desde los seis años o siete años, y no he dejado de hacerlo jamás, porque es la única manera de expresarme, es la única forma de decirle a los demás lo que siento, lo que veo, lo que pienso.En ese contexto puede expresarme de dos maneras: de experiencias y emociones de piel adentro, y las cosas de piel afuera. Quiero expresarme así. Digamos que mi ira, mi soledad, mi esperanza, mi amor, mi ternura, son propias de mí mismo y que siento desde que soy niño; eso es lo que yo llamaría de piel adentro. Y todos los acontecimientos que han sucedido mientras he vivido, como la Guerra Civil española, los campos de concentración, las bombas atómicas, las guerras de la ex Yuguslavia, todos esos acontecimientos son de piel afuera.Al pintar trato de hacer una especie de comunión entre las dos cosas. Si la experiencia personal, digamos de mi niñez, que fue de una pobreza y de una miseria espantosa, con un apellido indio, esto es posible, digamos ligarlo con un suceso mundial, por ejemplo, con lo de la ex Yuguslavia, esos grupos humanos que mientras vivía Tito todo iba bien, y cuando muere, todos esos seres se vuelcan hacia una violencia inimaginable, entonces eso me conmueve a mí, quizás porque tengo la experiencia de la discriminación racial desde ni niñez. Estas cosas se fusionan y puedo pintar un cuadro sobre eso. Es así mi vida.

E.C.- Digamos entonces que el arte, en este caso la pintura, además de traducir un hecho vivencial, de piel adentro como Usted lo llama, trasmite hacia fuera un mensaje, un mensaje de ira, pero al mismo tiempo un mensaje esperanzador.

O.G.- A veces, muchas veces, pienso que la esperanza se ha perdido, por ejemplo, cuando veo acontecimientos como los de Chechenia.En la ex Unión Soviética todos esos pueblos estaban trabajando para un bienestar universal, aunque hubieron grandes equivocaciones. Ahora que se han disuelto vemos una Chechenia terrible, brutal. Todas estas cosas son mensajes que recibo y las trato de expresar en mi pintura.La parte importante es que yo trato de hacer una plástica de gran poder pictórico; trato de expresarme con una fuerza casi incontenible de técnicos, de texturas, de colores. Además, doy un mensaje, trato de dar un mensaje, un recuerdo de lo que ha sucedido para que la gente no vuelva olvidar. Esa es mi esperanza.Cuando ven mis cuadros mucha gente se pone a llorar, ojalá que esa angustia que producen mis cuadros sirva para que una cosa así no vuelva a repetirse. Esa es mi aspiración. Hace unos tres años hice una enorme exposición en Buenos Aires y entraron un grupo de mujeres, yo no sabía que eran las Madres de Plaza Mayo, y una de ellas empezó a gemir ante mis cuadros, y las demás, unas veinte señoras, empezaron a llorar. Esto fue el mejor homenaje que he recibido en mi vida. He recibido homenajes de todo tipo, doctorados honoris causa por montones, medallas, pero el hecho de ver llorar a la gente con mis cuadros es el más grande homenaje que he recibido como pintor.

E-C.- Permítame un comentario: el maestro Guayasamín recibe la influencia de su tiempo, pero, además, testimonia el tiempo que no vivió, ¿Cómo cree Usted que la historia influye en la vida de los artistas?

O.G.- Yo soy un indio o, más bien, un mestizo aindiado porque mi padre es un indio puro y mi madre es mestiza, o sea que, digamos, tengo un 75 u 80 por ciento de sangre india. Hay tres tipos de mestizaje: el mestizo blanqueado en donde el padre es español y la madre una indiecita mestiza; hay los mitad y mitad, padre y madre española o algo así; y los que son como nosotros, de padre indio y madre mestiza que ha dado un porcentaje de sangre india mayor.

E.C.- Los que somos más indios debemos estar orgullosos de donde provenimos, ¿Cómo ha marcado esta realidad al maestro Guayasamín?

O.G.- Bueno, es la fuente de todo. Como dije unos días atrás, yo sólo siento que soy una mano ejecutora, que todo viene dictado desde más de diez mil años de cultura. Claro que tenemos el arte contemporáneo, la pintura de la Colonia y toda es influencia, pero básicamente lo mío son diez mil años de cultura. Tenemos un peso cultural extraordinario y yo no soy sino un ejecutor, mis manos son ejecutoras de un mandato muy antiguo.

E.C.- ¿Se reconoce la mano y el corazón de esa cultura?

O.G.- Exactamente. En 1944 o 1945 iba a ser una exposición a Chile; viajaba por tierra y llegué a Trujillo, una ciudad muy linda donde me quedé unos días, entonces, me contaron que muy cerca de Trujillo existía un templo llamado Sechín, y fui. Allí me encontré con una cosa excepcional; para mí es uno de los templos más grandes de la Tierra. Es la historia de dos ejércitos pre colombinos que se enfrentaron, y la descripción de la batalla era de cabezas cortadas, ojos sangrantes, bocas gritando, cuerpos cortados, manos, piernas. Todo era una cosa genial. Cuando vi eso dije: “yo estuve trabajando aquí; yo formé parte de los trabajadores, yo estuve aquí”. La sensación más neta de haber estado con cincel haciendo todo eso. Por eso cuando me preguntan qué edad tengo digo: tres mil años. Yo nací allí. Tengo tres mil años, señor.

E.C.- Tres mil años. Le quedan miles de años más.

O.G.- Ojalá, además, esto de la edad es lo más pasajero. Según los jíbaros, del oriente de mi país y que también corresponden al Perú, tengo 22 o 24 años. Según el calendario lunar de las 17 lunas de los mayas tengo como 45 años. Según el budismo creo que llego a 60. Es en el calendario occidental cristiano que tengo 78. Pero en mí tengo 3 mil.

E.C.- La humanidad, de pronto, cambia sus paradigmas. Los teóricos del sistema señalan el “fin de las ideologías”, decretan el “fin de la historia” y los “funerales” de los modelos solidario...

O.G.- Es lo que inventa el imperialismo para jodernos. En un momento inventó darnos plata, lo de la deuda externa, nos repartían migajas a los países pobres. En mi país en esos momentos había una dictadura militar, vieron el dinero, se hicieron construir grandes haciendas, clubes privados lujosos y jamás le llegó nada al pueblo, todo quedó en sus manos. Ecuador ha pagado ya dos veces y medio el capital recibido, y sin embargo, la deuda externa ha seguido creciendo; actualmente no podemos pagar ni los intereses.Ahora se les metió la idea de la privatización. Claro que siempre hay una empresa “nacional” que compra las comunicaciones, la electricidad, la energía, etc., pero detrás de todo eso está el capital norteamericano. En algún momento, cuando sean poseedores de todo nos paralizan el país como les dé la gana. Ahora nos tienen cogidos pagando la deuda externa, pagando intereses eternos. Nos tienen agarrados del cuello.

E.C.- Las clases dominantes de nuestros países coinciden: el mismo menaje, las mismas recetas. El amo dicta, el títere aplica.

O.G.- Claro, atrás de eso está el capital también. Las empresas del teléfono o del petróleo cuestan tanto que no creo que hayan capitales nacionales para comprar esas cosas. En todo caso, existen “burropies” como decimos en mi país, pero el gran capital está detrás del imperio. En el momento que hay una posibilidad de reacción nuestra, del pueblo, nos paralizan el país con una facilidad asombrosa.Recordemos lo que hicieron con las dictaduras militares, recordemos la época de Pinochet. Se hizo un programa que se llamó Ayuda no sé qué, se inventan tantos nombrecitos, y fracasó, querían “prestar” dinero, querían “ayudar” a los pueblos y fracasaron, y como fracasaron, entonces, se dieron pases a las dictaduras militares. La CIA estableció dictaduras militares en toda América Latina. Y en Brasil, Chile, Argentina, Paraguay, Uruguay, exterminaron a la juventud, acabaron con la juventud progresista de nuestros países que ahora deberían ser gobierno. En este momento prácticamente somos un continente sin cabeza. Toda la juventud fue arrasada violentamente por las dictaduras militares.

E.C.- Frente a una situación así, ¿qué recomienda Usted a las nuevas generaciones? ¿a los jóvenes?

O.G.- Yo lo dije hace dos días, se lo dije a un periodista muy importante de aquí, el señor Hildebrandt, que la única manera de salvarnos de este acogotamiento del imperio es ser un solo país desde México a la Patagonia.Felizmente las fronteras son muy jóvenes, de 180 años apenas, además fronteras completamente absurdas, arbitrarias, de los independentistas, de los dueños de haciendas, porque cada uno quería su pedazo. Esa fue la tragedia de la Independencia. Aparte de Bolívar, de Santander, de Sucre, nadie sabía ni leer ni escribir. Cuando sacaron a los españoles se dividieron la tierra, y habían familias que tenían haciendas, por ejemplo, en mi país, de la cordillera oriental a la cordillera occidental, y dentro de esas haciendas habían centenares de pueblos indios que los convirtieron en esclavos hasta ahora. Esa fue la falla terrible de la Independencia. Felizmente, le digo, son fronteras jóvenes.Si comparamos con lo que está sucediendo en este momento en Europa Occidental, países con tradición milenaria, con lenguas diferentes, con costumbres ancestrales, lenguajes ancestrales y fronteras ancestrales; sin embargo, se están uniendo ahora para crear un poder económico que enfrente a los dos poderes: al japonés y al norteamericano. Tienen ya un Congreso, van a tener una moneda común en los próximos cuatro años. Todas las condiciones particulares de cada país han sido dejadas de lado para crear un nuevo centro potencial.Nosotros, que desde México a la Patagonia hablamos un mismo idioma, que tenemos un mismo antecedente pre colombino (porque los quechuas, los mayas, los aztecas, se comunicaban normalmente), de diez mil años de cultura, podemos hacer posible un solo país. Es importante lentamente empezar a borrar las fronteras y pensar que somos un solo continente, pensar en una fortaleza, pero no de aviones, de barcos de guerra, de cuarteles, de tanques, sino hacer una fortaleza de cultura tremenda. Sólo así nos tendrán en cuenta, de lo contrario, seguiremos siendo cogidos de la garganta por el imperio.

E.C.- Ese propósito requiere de la unión de los pueblos. Las burguesías nativas no tienen capacidad para impulsarlo.

O.G.- No, no. Esta obra es para el pueblo. Nosotros acabamos de bajarnos a un presidente. El país parecía muerto, cansado; pero este presidente empezó a robar, a hacer una vulgaridad tremenda, y, carajo, el pueblo salió a las calles, millones a las calles, y lo sacaron.

E.C.- En el caso de nuestros países, las clases dominantes han promovido interesadamente conflictos que enfrentan a dos pueblos hermanos...

O.G.- Claro, claro, son ellos y los vendedores de armas, el imperio. En el imperio, digamos, anteriormente, eran constructores de automóviles, Ford, Chevrolet, pero ahora todos los países producen automóviles, pequeños y grandes países, entonces, el poder económico de producir automóviles ya no está en sus manos. El poder de la tecnología, la televisión, la radio, está en manos de los japoneses. La única industria bestial que les queda a los norteamericanos es la industria de la guerra. Inventan un nuevo avión y todos los anteriores pasan a ser chatarra, y las fábricas se llenan de chatarra y la chatarra es lo que nos venden. Ellos son los promotores de las guerras, de los conflictos.

E.C.- Avizora una salida al problema fronterizo de nuestros países?

O.G.- Sí, hay una salida, ser un solo país, un solo pueblo. Por decir esto me han dicho utópico, pero, en todo caso, no renuncio a esa utopía.

E.C.- En nuestro calendario, nos toca enfrentar el siglo XXI, ¿Le motiva este hecho alguna reflexión?

O.G.- Mi preocupación permanente es el destino de la humanidad, pero no por razones de calendario. Aquello que se le quiere dar viso de “fin de siglo” es solamente occidental y católico; pero, en China hay otro calendario. Además, el catolicismo es una religión muy pequeña. El mahometanismo, el budismo y todos los que no tenemos religión somos otras millonadas. En conclusión, mi pasión es el hombre y su destino, al margen de cualquier otra consideración de tipo religioso o de una calendario formal.

E.C.- Supimos que la Fundación Guayasamín organizó el encuentro “Todas las voces, Todas”, con cantores de dimensión mundial como Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez, Alberto Cortés, etc., ¿Qué motivó este suceso?

O.G.- Bueno, los mejores cantantes del Continente fueron a cantar a Quito, en ayuda de LA CAPILLA DEL HOMBRE.

E.C.- ¿Cómo va ese proyecto?

O.G.- Estamos terminando la construcción. Es una construcción de cuarenta metros por cuarenta metros, y, el piso del fondo, dentro de la tierra (hay un subterráneo), es un espacio de unos diez metros entre el suelo y el tumbado y, después, al ras de la tierra hacia arriba hay otro cuerpo que es de la misma arquitectura.El arquitecto soy yo, aprendí cuatro años de arquitectura y estoy dirigiendo la construcción de este edificio inmenso. Digamos que no es una Capilla, es una catedral. Dentro hay murales realizados por mí y nadie más. Sólo yo y un muchacho que me ayuda a coger las cosas donde pinto, de trasladarlas de lugar, pero todo lo hago yo, y espero terminarlo. Trabajo desde hace doce años en esto. No todos los días, pero sí reuniendo dibujos para LA CAPILLA DEL HOMBRE.Hace seis años presenté a la UNESCO, A Federico Mayor, los proyectos, acuarelas, planos, maquetas de la CAPILLA, y Federico Mayor y el grupos asesor declararon a este proyecto el más importante de nuestro siglo. Así que esto marcha y espero que esté terminado, no sé en el primer año del próximo siglo, pero será inaugurado un 24 de Julio.

E.C.- ¿LA CAPILLA DEL HOMBRE, refleja la visión del Maestro Guayasamín sobre el hombre y la Cultura?

O.G.- Sí. Es una cosa exclusiva y, además, el principio de esta creación es lo que acabo de decir, la unidad de nuestros pueblos, desde Río Grande a la Patagonia. Estoy contando las cosas, el sistema social, político, económico, de los aztecas, de los mayas, de los quechuas, de los aymaras. Estoy contando su música, sus dioses, su sistema, pero sin historia. No quiero hacer historia; todo es uno solo. Después, en la parte mestiza, nuevas religiones, nuevos animales (el toro, el caballo), nuevos vestidos, nueva música, nuevos instrumentos, como la guitarra, en fin..

E.C.- Hay una concepción del hombre y la cultura en ese trabajo...

O.G.- Claro, es base de la cultura nuestra, de la gran tragedia. Setenta millones de indios que son masacrados por los europeos en un siglo y medio de conquista. Cincuenta millones de negros que son arrancados del África y traídos a este Continente, y más de la mitad mueren en los barcos negreros y son echados al mar. Toda esa tragedia contada con frases muy duras.Hay dos acontecimientos muy importantes para mí: en el cerro de Potosí, en Bolivia, mueren entre cinco y siete millones de indios jóvenes sacando plata. De otro lado, Madrid no existía cuando llegó Colón por acá. Es con la plata de Potosí y con el oro de los reinos de los incas y los aztecas que se empieza a construir esa ciudad. Eso también cuento. Todas esas tragedias, todo eso es parte de lo que es LA CAPILLA DEL HOMBRE.

E.C.- Maestro, muchos temas quedan fuera de esta entrevista. Quisiera aprovechar del espacio que nos queda para que trasmita su mensaje a los artistas jóvenes de mi país. Con ello damos por concluida esta entrevista que nos ha concedido y que agradecemos de todo corazón.

O.G.- Bueno, qué podría decir. Mire, yo trabajo doce o catorce horas cada día, ello puede servir de ejemplo. Crear, hacer arte no es una cosa suelta de hacer hoy un retrato, mañana un desnudo, después una naturaleza muerta. No. Lo que yo estoy haciendo es algo de una concreción tremenda. A veces me extiendo en veinticinco cuadros sobre un solo tema.Todo mi estudio es de un orden preciso; todos los dibujos están perfectamente fichados en carpetas; si necesito un dibujo pues lo busco y encuentro fácilmente. Todas las noches entre las siete y dos de la mañana estoy dibujando en mi dormitorio, y a las nueve estoy ya en mi estudio para pintar; cierro las puertas; pongo la música que necesito, normalmente música clásica, pero busco la música más apropiada para el trabajo que estoy haciendo (si es que lo que hago es trabajo), y a mi estudio no entran ni las moscas. Salgo un momentito a comer, entro nuevamente hasta las seis o siete que se va la luz natural y vuelvo a dibujar en la noche.Esa es mi vida, si eso puede ser un ejemplo, en buena hora.

*El 10 de marzo de 1999 murió el extraordinario pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín. En su último viaje al Perú, en el hall del Hotel Bolívar, Lima, nos dio una entrevista en mi condición de miembro del Consejo Editorial del quincenario alternativo En Contacto. En esta inolvidable conversación participaron Manuel Guerra, Paco Guerra, y Daniel Yovera.


Escrito por

Julio Yovera

Natural de Catacaos, Perú. Es docente investigador en temas de educación, cultura y literatura Ha publicado libros de poesía. Ama la vida.


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